El arquitecto ilustrado, del oficio a la profesión. Consolidación del modelo contemporáneo del arquitecto español en el siglo XVIII

  1. IRISARRI MARTINEZ, CARLOS
Dirigida por:
  1. Miguel Lasso de la Vega Zamora Director

Universidad de defensa: Universidad Europea de Madrid

Fecha de defensa: 22 de julio de 2015

Tribunal:
  1. Miguel Gómez Navarro Presidente/a
  2. Juan Carlos García-Perrote Escartín Secretario/a
  3. José María Ezquiaga Domínguez Vocal
  4. José Ignacio Linazasoro Rodríguez Vocal
  5. Pedro Moleón Gavilanes Vocal
Departamento:
  1. ARQUITECTURA Y DISEÑO

Tipo: Tesis

Teseo: 392717 DIALNET

Resumen

El hallazgo en 1414 de una copia del tratado de Vitruvio ¿ ¡sin ilustraciones! - se puede considerar, simbólicamente, el inicio del proceso de definición del moderno arquitecto, que partiendo de un oficio milenario culmina en la Ilustración, donde la caracterización del profesional es ya tan diáfana que sin mayores cambios perdurará hasta nuestros días. Ese momento cobra especial interés en el caso español, por cuanto a finales del siglo XVIII se produce una situación sin precedentes: durante varias décadas un único organismo, la Academia de Bellas Artes, acapara todos los aspectos de la vida profesional del arquitecto, alcanzando una autorregulación casi completa. Así, impartirá la formación necesaria para el acceso al ejercicio, establecerá los requisitos necesarios para la obtención del título, expedirá éste no sólo para los arquitectos sino también para los maestros de obra, controlará tanto la vida profesional de sus miembros como el estilo de la arquitectura oficial, e inspirará cualquier regulación que afecte a los arquitectos y a su trabajo. Tal escenario es excepcional también en su devenir, puesto que no volverá a repetirse. La confrontación de las intenciones - declaradas en la abundante tratadística - con los resultados - reflejados en la documentación que se custodia en los archivos históricos - permite extraer las ideas, aspiraciones, maneras y hechos que subyacen tras esta transformación. Ésta no es en modo alguno debida al azar, sino respuesta a la necesidad de no quedarse detrás de una sociedad y una clientela que no deja de moverse, cada vez con mayor velocidad, hacia la era contemporánea. No será sorprendente, por tanto, que la definición profesional se cierre con la inserción del arquitecto en la colectividad a la que sirve, para la que se trasformará, inevitablemente, en cómplice de las propuestas utópicas para una nueva sociedad.